Ranita ShowRanita Show - Cuentacuentos y espectáculos infantiles

Ranita Show - Cuentos, Poemas, Artículos y Reflexiones

Autor

Pedro Pablo Sacristán
Elementos principales del relato
  • Valor Educativo: Saber perdonar.
  • Idea y enseñanza principal: La ley de "ojo por ojo, y diente por diente" no soluciona nada; si algo puede solucionar las cosas, es saber perdonar.
  • Ambientación: Un restaurante de ranas junto a una charca.
  • Personajes principales: Una rana, un sapo y una sartén.

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El sartenazo

(Cuento)
Renata, la rana cocinera
La rana Renata era la mejor cocinera de los pantanos y a su selecto restuaurante acudían todas las ranas y sapos de los alrededores.

Sus "moscas en salsa de bicho picante" o sus "alitas de libélula caramelizadas con miel de abeja" eran delicias que ninguna rana debía dejar de probar, y aquello hacía sentirse a Renata verdaderamente orgullosa.

Un día, Sopón apareció en su restaurante dispuesto a cenar. Sopón era un sapo grandón y un poco bruto, y en cuanto le presentaron los exquisitos platos de Renata comenzó a protestar diciendo que aquello no era comida, y que lo que él quería era una buena hamburguesa de moscardón.

Renata acudió a ver cuál era la queja de Sopón con sus platos, y cuando éste dijo que todas aquellas cosas eran "pichijiminadas", se sintió tan furiosa y ofendida que, sin mediar palabra, le arreó un buen sartenazo.

Menuda trifulca se armó. A pesar de que Renata enseguida se dio cuenta de que tenía que haber controlado sus nervios, y no dejaba de pedir disculpas a Sopón, éste estaba tan enfadado que decía que sólo sería capaz de perdonarla si él mismo le devolvía el sartenazo.

Todos trataban de calmarle a sabiendas de que con la fuerza del sapo y la pequeñez de la rana, el sartenazo le partiría la cabeza. Y como Sopón no aceptaba las disculpas, y Renata se sentía fatal por haberle dado el sartenazo, Renata comenzó a hacer de todo para que le perdonara: le dio una pomada especial para golpes, le sirvió un exquisito licor de agua de charca e incluso le preparó... ¡una estupenda hamburguesa de moscardón!

Pero Sopón quería devolver el porrazo a como diera lugar y sólo así quedaría en paz... y ya estaban a punto de no poder controlarle cuando apareció un anciano sapo caminando con ayuda de unas muletas.

—¡Espera, Sopón!... —dijo el anciano—, podrás darle el sartenazo cuando yo te rompa la pata. Recuerda que yo llevo muletas por tu culpa.

Sopón se quedó paralizado. Recordaba al viejo que acababa de entrar. Era Sapiencio, su viejo profesor que un día le había salvado de unos niños gamberros cuando era pequeño, y que al hacerlo perdió una de sus patas. Recordaba que todo aquello ocurrió porque Sopón había sido muy desobediente, pero Sapiencio nunca se lo había recordado... hasta ahora...

Entonces Sopón se dio cuenta de que estaba siendo muy injusto con Renata. Todos, incluso él mismo, cometemos errores alguna vez, y devolver golpe por golpe y daño por daño, no hacía sino más daño . Así que, aunque aún le dolía la cabeza y pensaba que a Renata se le había ido la mano con el sartenazo, al verla tan arrepentida y haciendo de todo para que le perdonase, decidió perdonarle. Y entonces pudieron dedicar el resto del tiempo a reirse de la historia y saborear la rica hamburguesa de moscardón, y todos estuvieron de acuerdo en que aquello fue mucho mejor que liarse a sartenazos.

Notas:
  • Este cuento está aquí gracias a la autorización de su autor Pedro Pablo Sacristán, y pueden leer más de sus obras en: Cuentos para dormir
  • Gamberros: groseros, inciviles.
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